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Fecha: 10 de mayo, 2004DECIBELIOSRuido. Estruendo. Jaleo. Bronca. Bulla. Alboroto. Agitación. Inquietud. Exasperación. Histeria. Canto a la humana imbecilidad y el violín de mi primo cada Navidad. El único ruido soportable, el único ruido bailable son los gemidos de una escandalosa amante circunstancial. La única variante del ruido capaz de hallar cobijo en mi mente. El resto; lo demás, no es más que prueba ineludible de la estupidez humana, pues sólo los necios prefieren el griterío de la muchedumbre a la cadencia de su pausada respiración. Sábado. 21:00 horas. Un bar cualquiera. Gente, vinos, cervezas, copas. No encuentro la pista de baile. Algún brillante diseñador 'fashion' ha metido los altavoces en el conducto del aire acondicionado. Desde sus metálicas rejillas, abrazados a los torbellinos de aire refrigerado, son vomitados en inverosímiles frecuencias, los gorgoritos del penúltimo tonadillero castigador de tímpanos. Busco en vano. Aquí no hay pista de baile. En perfecta asincronía con los vanos esfuerzos vocales de la nueva estrella de la canción, y desde un aparato de televisión estratégicamente situado a mitad de camino entre un altavoz y dos tragaperras que alborotan como dos cibernéticas gallinas cluecas, un locutor que parece chillar en lunfardo, da cuenta de las incidencias del partido de Liga con apasionado detalle y dramatismo. Si existiese algún ser dotado con la sobrehumana capacidad de pensar en medio de una tormenta acústica de tal calibre, llegaría a la conclusión de que el televisivo locutor es el único en no haberse enterado de que, la tele, además de voz, también transmite imagen. Para el ser humano, un bar de copas en sábado a la noche, resulta un entorno tan hostil como un vasto océano. Inutilizado el oído a causa del griterío; sin olfato a causa del tabaco y de los empalagosos perfumes, y aletargado el intelecto por el alcohol, uno queda reducido a la mínima expresión de sí mismo. Indefensa criatura hecha de cuerpo y ojos. Torre y Faro. Un bar nocturno se transforma en un bosque de faros de tierra que desde lo alto proyectan su mirada barriendo con su foco de derecha e izquierda la humana marea al ritmo de un bajo que desde el conducto del aire sacude sus cimientos. Los bares son lugares hostiles, pero buenos para ojear. Mirar nada más. El problema es que mirando siempre se encuentra más que buscando. Busco la pista de baile y no la encuentro. Miro sin buscar y me doy de bruces con ella. Apoyada en la barra con gracia descuidada, desde su rostro, una intermitente sonrisa de neón rojo y blanco me invita a descubrir una fascinante dimensión interior que en ese instante comprendo definitiva en mi existencia. Me sitúo estratégicamente cerca para poderla observar con detenimiento. Ella conversa distraídamente con su amiga, y a mí, desde el infranqueable abismo de estruendo blanco que separa mis oídos de su voz, no me queda más remedio que convertir mis ojos en oídos. Leo sus labios tratando de hallar alguna nueva pista que me ayude a desentrañar el eterno y universal, pero siempre nuevo enigma de la femineidad. Mientras la observo con discreción, imagino estrategias para poder acercarme a ella y atraer su atención. La primera frase, la que rompe el hielo, es siempre la más difícil. Un obstáculo casi infranqueable. A menudo ni siquiera la misteriosa e irresistible atracción que siento por la belleza desconocida, es fuerza suficiente para resquebrajar la costra de indecisión coagulada que crece a mi alrededor. Afirma un buen amigo mío, que la baja temperatura corporal de las mujeres es una traba fundamental para la tarea del rompehielos nocturno y que por eso resulta más fácil ligar en verano. A mí, el acercamiento primero, siempre se me ha antojado tarea harto difícil y poco agradecida, y me pregunto si no será tal vez por ello que las mujeres no han reclamado con excesivo entusiasmo su cota de igualdad en este terreno. Y es que uno se ve de pronto en medio de un bar o discoteca, metamorfoseado en tallador de diamantes: Un golpe demasiado sutil, y apenas arañas el duro hielo de la incomunicación. Uno demasiado fuerte, y se resquebraja bajo tus pies la frágil capa sobre la que te apoyas. No es fácil, y es que como decía la famosa Dra. Esmeralda Edelstein: 'El primer contacto deberá ser sutil, pero al mismo tiempo preciso; seguro y bien dirigido. A las mujeres les gusta el hombre original, divertido, espontáneo, inteligente, educado, caballeroso, maduro, viril. Trate de combinar todo ello en una sola frase ni demasiado larga ni demasiado corta. Muestre interés por la chica, pero no lo explicite demasiado; falta de interés desconcertará a su interlocutora, pero una atracción excesiva la asustará. Y por último, simule la confianza en la efectividad de su propio físico, no piense en su barriga, ni en la alopecia galopante que hace tiempo que dejó al descubierto su coronilla. Trate de pensar de forma positiva; imagine que es usted James Bond acercándose a una bella dama en un casino de Montecarlo.' Y mira por donde que a mí, no sé por qué, se me antoja que unificar la física cuántica con la gravitatoria podría resultar mucho más sencillo... Bueno, en fin, aquí sigo yo, agazapado, acechando la oportunidad de acercarme a mi anónima Afrodita, repasando mentalmente los consejos de Mrs. Edelstein, cuando de pronto, sus ojos se cruzan con los míos. Ella baja la mirada. Mi corazón se dispara y siento la sangre que arde en mis mejillas. ¿Habrá notado que la he estado observando? Otro buen amigo mío dice que los hombres tenemos visión túnel, de depredador, mientras que las mujeres poseen visión periférica que les permite saber exactamente quién las observa en un perímetro de casi 360 grados. Probablemente no sea yo el único que se ha fijado en ella. Qué imbécil! Por supuesto que no! y ella sabe exactamente quién la mira. Claro que lo sabe! Y estos bares están llenos de buitres! No puedo perder el tiempo si no quiero que algún jeta de esos se me adelante. Tengo que hacer algo pronto o perderé mi oportunidad de conocerla para siempre....ya, pero con la amiga ahí al lado...no se,...joder! joder! Joder! E=m*C². Y de pronto, cuando vuelvo a mirar, encuentro mi oportunidad; la amiga se va al servicio. Ahora o nunca. Cojo aire y allá voy. Ella me ve acercarme pero se hace la distraída. Siento en mi rostro el frío que irradia la pared de hielo que se va levantando ante mí mientras trato de hacerme una idea mental aproximada de su espesor. La aparente timidez de mi Diosa circunstancial no hace más que confirmar mis temores. Mira a través de mí sin verme. No parece dispuesta a ayudarme desde el otro lado a cavar un pasadizo en el hielo. Una nueva estridencia en forma de melodía sigue brotando imparable de las rejillas del conducto del aire y por un instante temo que la tensión del acercamiento unida a la profunda irritación nerviosa que produce el estruendo en mi cerebro, termine causándome un ataque epiléptico en el momento más inoportuno. Ya casi estoy ante ella. Hago un último chequeo rápido: sonrisa Bond, flequillo en su sitio, bragueta cerrada, frase brillante con carga de profundidad lista! Everything OK, Sir! Todo está dispuesto. Lleno bien de aire mis pulmones con el doble objeto de evitar trinos nerviosos en la voz aumentando de paso la impresión de fortaleza física. Allá voy, esto no hay ya quien lo pare... -¿Cóm............./&"!&%"$%·$"&%·$"$%·&%"$·$&%&%&%&%&%&%? Pajaritos por aki, pajaritos por allá la la la la la la la......... No había terminado de pronunciar la primera palabra cuando se dispara el canto de celo de la clueca tragaperras sobre la cual se apoya ella. La penetrante melodía gusano, se desliza por mis oídos hacia el interior de mi cerebro amenazando fagocitarlo. Yo, la miro a ella y viendo en su rostro que no oye lo que digo, trato de parar la frase en la mitad, pero ya he alcanzado el punto de no retorno y ésta me la acabo. Ella me observa extrañada. Me siento como un extraño pez en un aquarium: -¿Comesportijorten für afrokotón en las espuertas? - (es más o menos lo que ella ha oído). De pronto noto con alborozo que la melodía derritecerebros del maldito Jackpot se detiene. Por fin! Acercándose algo a mi oído pero guardando una prudente distancia de cortesía y con el estruendo que sigue habiendo en el bar pese al momentáneo reposo de la máquina, ella me dice medio a gritos: -¿Esportiqué??? Lo siento pero no hablo idiomas, sólo castellano. Yo sigo sonriendo, consciente de que esto no va nada bien, de que se me está yendo la cosa al carajo. Sólo tengo otra oportunidad, si no la aprovecho, voy a quedar como un memo y mejor me borro de aquí. Ella me mira esperando una reacción por mi parte en algún idioma comprensible. Yo no se si repetir la misma frase estudiada o inventar una nueva sobre la marcha. Nota del autor: (Es en instantes como éste donde sale a la luz la diferencia entre el buen y el mal rompehielos nocturno. Un silencio demasiado prolongado, causado por la duda en ese instante, puede resultar fatal y echarlo todo a perder; pero reaccionar demasiado rápido, arriesgándose a decir una bobada precipitada, puede hacerte caer muy hondo en el agua helada). Cada segundo es precioso y siento el sudor de la tensión resbalar por mis axilas, 'Bond no suda' (Pienso hacia mis adentros). El ruido de fondo del bar no deja que mi cerebro pueda pensar con agilidad así que antes de cagarla del todo decido repetir la frase de antes. Tomo aire, la miro de forma seductora y: -Decía que ¿cóm...... GOOOOOOOOOO abyuirith OOOOOespiridakis OOOOOO to OOOOOO aekaterini OOOOOOO ni mu OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!!! Desesperado al ver mi segunda intentona desbaratada, desvío mi atención hacia el lugar del que proviene el nuevo estruendo y al ver la alegría desbocada, el júbilo de la gente y los abrazos, pienso por un momento que acaban de anunciar el fin de la tercera guerra mundial. No! No es eso. Es una banda de anormales que miraban el partido en la tele, celebrando a coro con el locutor porteño el último gol del equipo local. En su delirante alegría futbolera, uno de ellos, de largo pelo aceitoso y camiseta a rayas manchada de kalimotxo, el cual probablemente es el que, de todo el grupo, más apesta a sudor y a vino barato, viene hasta mí con una enorme sonrisa y me hace partícipe de su alegría dándome un efusivo abrazo que me levanta del suelo y me besa la mejilla dejando un rastro un pelín húmedo para mi gusto. Justo lo que necesitaba ¿Joder! Pero así cómo leches me voy a imaginar que soy James Bond? ¿En cuantas pelis se ha visto 007 rodeado de máquinas tragaperras, abrazado y besado por un aceitoso futbolero ebrio de vino rancio? Ella me mira como si dudase entre vomitar directamente o salir corriendo antes de que al gordo se le ocurra achucharla a ella también. Yo con cara de imbécil, me quedo otro instante eterno sin saber qué decir, con una sonrisa boba en la cara temiendo que por un instante ella pueda pensar que son mis amigos. Y es en ese preciso instante cuando regresa del water su amiga, y recogiendo el abrigo, me echa una mirada de odio que me hace sentir como un repugnante gusano violador de ninfas vírgenes. Me echa una segunda y definitiva mirada por encima del hombro y muy digna le dice a su amiga: -¿Otro pelma? Venga, nos vamos! Y antes de que yo pueda reaccionar, mi Diosa circunstancial coge su abrigo y se marcha con esa mezcla de madrastra de Blancanieves y King Kong que es su amiga. Y al pasar riéndose mi adorada me grita: -Bye bye, gringo! Y yo me quedo ahí mudo, catatónico...y me cago en los decibelios de este puto país. Martín |
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