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Fecha: 26 de Junio, 2003'METAFÍSICA CUÁNTICA DEL AZAR' o 'DE DESTINOS E INTESTINOS'Si la duda es hija de la casualidad, resulta de vital necesidad conocer a ésta un poco más a fondo para poder comprender el mecanismo a través del cual aparece en nuestras vidas. Es interesante constatar la aplicabilidad de un principio fundamental de la física cuántica a la hora de enfrentarse a esta cuestión: Del mismo modo que podemos observar la luz en sus dos maneras de manifestarse, esto es, como partícula y como onda, la casualidad, que es prima del fotón, se manifiesta también de dos modos diferentes. El primero y más común tipo de manifestación es el externo, que como veremos se asemeja en su comportamiento al de la partícula: Como si la vida no fuera más que una gran mesa de billar, la casualidad en su apariencia de suceso externo, se nos echa encima a gran velocidad, golpeándonos por sorpresa y sacándonos literalmente de cualquier forma de equilibrio que hubiésemos sabido alcanzar en nuestras vidas. Esa casualidad-partícula podría por ejemplo externalizarse en forma de defunción de un tío de las Islas Caimán al que habíamos olvidado antes de conocer y que nos deja en herencia más dinero del que sabemos gastar. O viéndonos atrapados en un ascensor una calurosa noche de verano, a solas con una Monica Belucci sudorosa de ardiente deseo de vengar la penúltima infidelidad de su, con seguridad a partir de ese fortuito encuentro, exmarido. O como la terrible pérdida causada en una triple coincidencia mortal por la caída simultanea de los aviones de George Bush, Donald Rumsfeld, y Dick Cheney sobre las viviendas de Ariel Sharon, Joxemari Aznar y Henry Kissinger respectivamente. O que justo el día que nos iban a meter en la cárcel de por vida por más que demostradas tendencias a la conspiración ácrata contra el poder establecido, una nave espacial aterrice en el jardín de la casa del juez y salga de él una delegación de Uranianos que interceda por nosotros, nos dejen en libertad sin cargos y nos sea concedido un título Doctor Honoris Causa por la facultad de ingeniería aeroespacial del Massachusetts Institute of Technology. Por desgracia, la mayoría de las veces el azar se nos suele presentar más humildemente en forma de salmonelosis de chiringuito o de infección de clamídeas agarrada en el lugar y momento menos indicado. De cualquier modo con estos ejemplos debería quedar clara la mecánica por medio de la cual las manifestaciones externas del azar nos descarrilan de nuestras tranquilas y maravillosamente aburridas existencias. Una vez comprendida la enorme influencia que dichos eventos aleatorios tienen sobre nosotros, resulta en gran medida trágico tener que aceptar que lo único pesado en nuestras existencias sea algo tan impredecible y ajeno a nuestro control. Para no admitir que cualquier despojo de circunstancia sea capaz de echar abajo el endeble castillo de naipes de nuestra vida, hemos inventado el destino. El destino es el nuevo hogar a las 'sin-techo' casualidades que tanto afean, por ahí tiradas, nuestro paisaje vital. Es ducha y afeitado de eventualidades, traje de Armani, zapatos nuevos y casa con piscina para nuestros desangelados y políticamente incorrectos azares particulares. El destino es grado de nobleza para la casualidad. A través de él travestimos el crimen de heroicidad, la mentira de deber, un mal polvo de lavabo de discoteca de sacramento y el fin de principio. El hado es el interminable andén junto al carril de nuestra vida, sobre el que pacientes, nos ven llegar de lejos nuestras futuras eventualidades. La banda sonora en el rollo de la película de nuestra vida, en la que la historia se va acomodando a la música y no al revés. Por ello tenemos siempre la sensación de vivir a descompás. Una vez inventado el destino, nos resulta mucho más sencillo supeditarnos con resignación a los designios del azar. La otra forma de manifestación de la casualidad, es la interna u onda: La casualidad interna es más compleja y pasa en muchos casos inadvertida como tal, por requerir un mayor grado de atención por parte de cada individuo. La casualidad interna podría entenderse como una eventualidad externa ocurrida en el seno de nuestra realidad interior. Si entendemos dicha realidad interior como el contexto de todas aquellas experiencias que no compartimos simultáneamente con otras personas, hallaremos todo un universo lleno de azares que definen nuestra conducta desde dentro. ¿No es acaso producto de un azar interno el que un día nos sorprendamos profundamente enamorados de la dependienta de la frutería a la que llevábamos años viendo cada día y por la que hasta entonces jamás habíamos sentido atracción alguna? ¿Qué tipo de radiación electromagnética es la que hace que cosas que llevamos años haciendo u observando de modo rutinario y desinteresado, se nos muestren de pronto bajo esa luz nueva de tal modo que solo podamos ya odiarlas o amarlas infinitamente pero nunca más permanecer impasibles ante ellas? ¿Qué casualidad interior empujó a un Paul Gaugin después de años de vida pequeñoburguesa de empleado de banca, a sentir la irrefrenable necesidad de abandonarlo todo y dedicarse en cuerpo y alma a pintar; actividad que nunca hasta entonces le había interesado lo más mínimo? ¿Qué azares son los que hacen que lo que ayer me parecía ruin se me antoje admirable hoy? ¿Que lo que ayer me complacía hoy me horrorice? ¿Que los besos de una mujer puedan un día saberme a néctar y al tiempo se vuelvan totalmente insípidos? ¿Que un día me sienta definitivamente monógamo y al otro persiga como lobo en celo cualquier ruido de tacones? ¿Que por la mañana me sienta feliz en mi mundo acomodaticio de pequeño burgués y a media tarde desee con toda el alma huir a las islas Marquesas para morir sifilítico? ¿Qué voluble ironía del azar es la que me empuja por las noches al acostarme a preferir la búsqueda del reto en lugar de una actitud pragmática y 'realista' y lo opuesto a la mañana siguiente? Se suele llamar también a esto destino. Se dice que estas radiaciones electromagnéticas interiores que nos empujan a cambiar sustancialmente nuestras vidas a partir de estímulos internos, significan que estábamos predestinados a hacer aquello que a la postre terminamos haciendo. Se trata de un destino interior, una especie de llamada de la sangre. Aquí surge generalmente una gran confusión, pues del mismo modo que muchos opinan que uno debe aceptar su destino externo con resignación, en lo referido al destino interior hay dos posibilidades. Si dicho destino nos conduce a una conducta socialmente loable, esto es, acorde con nuestra circunstancia, se nos motivará a seguir esas ondas electromagnéticas hasta el fin, y se dirá que uno está destinado a la excelencia. Si por el contrario dichos acontecimientos interiores nos empujan a comportamientos extraños o socialmente poco aceptables, enfrentados a nuestra circunstancia, seremos empujados a luchar contra ellos pues lo contrario nos destina al fracaso. Tenemos por tanto en el mundo de las casualidades internas, un nombre y dos destinos. Uno acorde con la circunstancia en la que nos hallamos envueltos, loable y politicamente correcto, y otro disociado de la circunstancia, en tensión con ésta. Opino que es una gran injusticia y fuente de gran confusión para la humanidad denominar del mismo modo al estos dos hogares de azares internos. El lugar en el que se alojan nuestros designios internos cómplices de la circunstancia podrá seguir llamándose destino, pues será casi siempre perfectamente compatible con el destino de las casualidades partícula. Sin embargo el hogar de los vagabundos azares rebeldes a la circunstancia no habrán de ser más destino sino INTESTINO. Parece obvio pensar que nuestro destino entendido como designio en su manifestación externa cambiaría de modo radical con sólo cambiar de circunstancia, sin embargo aquellas casualidades que ocurren en mi interior, van íntimamente unidas a mi y serán siempre las mismas independientemente de mi circunstancia. Esto es, no dejaré de ser rebelde por irme a vivir a otro lugar, ni de fantasear con cada mujer que pasa por mi lado por estar casado o soltero, estos azares no dependen de mi circunstancia, sino tan sólo de mí. Por lo tanto, en mi anhelo de felicidad, debo actuar tratando de escapar de toda situación que me lleve a vivir en los designios del intestino y ya que no puedo cambiar éste, cambiar de circunstancia para permaneciendo fiel a mi mismo, poder transformar en destino el intestino. En caso de que no me fuera posible alterar mi circunstancia, debo aprender a vivir la vida de cara a mi intestino sea cual sea el aspecto de este, aceptando y no negando los azares internos que me hacen quien soy. Debo entonces considerar que ¿por qué dar la espalda a mi intestino sólo porque a la sociedad no le guste contemplarlo? ¿Por qué debo siempre hacer a escondidas lo que me dicta el intestino tan solo porque el mundo no desee verlo? Quien bloquea los designios de su intestino eternamente para no molestar al entorno, no llegará lejos, y terminará enfebrecido, enfermo y prematuramente muerto. Christos |
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