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(home) CIRCUNSTANCIA


El camino de Christos

Fecha: 21 de Mayo, 2003

CAMINO DE YERRO

Las vidas están hechas de casualidades trenzadas con tiempo. Por lo menos la mía. Claro que en la vida hay más que eso, pero es superfluo e irrelevante. Sucede lo mismo con las semanas. Estas se componen de domingos enmarañados en infinidad de miércoles, jueves, lunes etc. Todos esos sábados, martes, etc. son superfluos y están ahí con el único objetivo de soportar el peso del domingo para que éste no haga colapsar todo el entramado. En realidad es de sobra conocido que cuanto de relevante pueda acaecer en una semana, ocurre siempre en las veinticuatro horas del domingo. Y algo similar pasa con la vida. Las casualidades y el tiempo son lo pesado, lo relevante. Y el resto es liviano, prescindible, es relleno, decorado y cartón piedra.

Desde hace tiempo trato de ver mi vida pues con las gafas del azar. De hecho, podría reducir mis treintaytantos años de existencia a un puñado de casualidades, de las cuales las dos más importantes sucedieron antes incluso de que yo tuviera uso de razón y son las que hoy voy a relatar:

La primera casualidad fue el lugar en el que vine al mundo. Hay infinitos lugares en los que podía haber visto la luz por primera vez, pero quiso el azar, o tal vez el humor de los astros aquel día, que fuera a nacer en un lugar gris. Gris como el cielo que se funde en tristes gotas de lluvia de otoño para helarte los huesos. Gris como el hormigón que cubre los sueños de quienes desean una vida en libertad. Gris como el humor de quienes existen en paz con otros pero en guerra consigo mismos. Gris como el alma de los que han olvidado que en otro tiempo soñaron con escapar.

En ese mundo gris crecí y aprendí que no estaba bien desear ser pirata, para navegar los siete mares, amar a cientos de mujeres, y robar y ajusticiar a ridículos soldaditos con peluca. Aprendí que tampoco debía soñar con esquilmar los caladeros de bacalaos en Terranova, tatuarme el cuerpo de sirenas y malgastar mi dinero en aguardiente barato y putas tristes de puerto. Aprendí que no estaba bien querer ser lo que querías ser si esto significaba no ser lo que los otros querían que fueras. Y en aquel mundo gris, de buenos y malos, lo bueno era ser como todos, lo malo querer ser distinto. Lo bueno el compañerismo, lo malo la independencia. Lo bueno ser cordero, lo malo ser zorro. Y allí aprendí a 'ser bueno'...mentes clonadas a partir de mentes enfermas

La otra casualidad fue el nombre que me dieron. Del mismo modo que a mi padre, y que al abuelo, y que al bisabuelo, por ser el primogénito me pusieron Christos. Con cruz y todo.

Algunos piensan que el nombre de las personas es algo externo. Como una especie de envoltorio del que las personas pueden entrar y salir a su antojo. Pero se equivocan. El nombre no lo llevamos por fuera, sino por dentro. El nombre nos lo clavan en la más tierna infancia en algún recóndito lugar del alma y por mucho que lo deseemos nunca nos podremos ya librar de él. El nombre hace a las personas como son, y yo soy Christos. El nombre lo llevo clavado de tal modo que en ocasiones mi cuerpo se siente como una pesada cruz que debo arrastrar conmigo dondequiera que voy.

Mi abuelo podría haberse llamado Ernesto, o Julián, tal vez Fernando. Pero no; La casualidad hizo de mí un primogénito y de mi abuelo un Christo. Así comenzó mi existencia de casualidades y tiempo. Tal vez tengáis ganas de acompañarme en mi Via Crucis particular. Adelante, mi camino está abierto.

Christos