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(home) CIRCUNSTANCIA


El camino de Christos

Fecha: 17 de Junio, 2003

RÁFAGAS DE DUDA

En otro tiempo creí que existía un modo correcto de hacer las cosas. Una manera acertada de pensar, de actuar, de juzgar y de vivir. Imaginaba que el objetivo de todo hombre era acercarse cuanto fuera posible a dicho ideal, para de ese modo, entrar en una espiral de virtuosismo la cual culminaba en la gran cima de la felicidad, tanto propia como de los allegados.

Aquel camino virtuoso, lo creía yo definido en términos absolutos y de validez universal. Como si lo justo y lo equivocado fueran cualidades intrínsecas de los actos en sí y no conceptos relacionados con dichos actos de forma arbitraria a través de códigos artificiosos creados por la sociedad. Aquella inicial manera de pensar mía podía haber sido la correcta, si el terrible fantasma de la duda hubiera pasado de largo el día que me vino a buscar. Cuánto más fácil resulta vivir aferrándose ciega e incondicionalmente a un código predefinido por muy irracional que éste parezca. Mas la duda me encontró, y no supe darle la espalda y seguir ciego el resto de mi vida, alejado de los demonios de la sospecha y la curiosidad.

¿Existe acaso una razón más allá de lo meramente accidental que explique por qué la duda se escurre en las vidas de algunos sacudiendo éstas con violencia y resquebrajando cuanto en ellas hay de sólido, mientras que ignora por completo a otros, los cuales parecen moverse como peces en el agua entre las fronteras del código adquirido?

Hay quien afirma que la ignorancia es hermana de la fe, pero no parece que la educación sea necesariamente madre del escepticismo. Más se parece la duda a un efímero desvarío de la razón. Una breve llamarada de locura sin causa aparente que desaparece por donde llegó, dejando tras de si su envenenado rastro. Del mismo modo que el fuego solar nos quema la retina perpetuando su presencia incluso después de cerrados los ojos, la ráfaga de la duda deja también una huella que nos despierta e inquieta a perpetuidad. La duda es la hermosa mariposa, que surge de ninguna parte rompiendo la monotonía del viaje, que nos hipnotiza con su revoloteo y nos aleja peligrosamente del camino, apartándonos del sendero...tal vez para siempre.

Y he aquí otra vez la casualidad fijando nuevos pilares que definen mi existencia. Del mismo modo que no fue mi elección nacer en aquel lugar gris cuyas concepciones de lo bueno y lo malo me tocó heredar, ni tampoco decidí yo el ser llamado Christos con cruz y todo, fue el azar el que decidió que la mariposa de la duda se cruzara en el sendero de mi vida. Y mientras esto ocurría, mi existencia se seguía llenando de domingos y yo me iba despertando lentamente de aquel letargo que ya duraba demasiado.

Christos