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Fecha: 14 de marzo, 2004IMPRESIONES DE BCNAún resuena en mi cabeza la letra del 'Cadillac Solitario'. La otra noche, junto al Mervellé, comprendí por fin el significado de la misteriosa frase que durante años canté sin entender. BCN tiene esta vez un sabor diferente; dulce, ahumado. El de quien la vive desde la libertad, desde una libertad de humo de pajas. Son instantes como éste, los de la tranquilidad y la serenidad los únicos que quisiera recordar. Una memoria de luces de ciudad dormida, de Bossa Nova exiliada y camas revueltas. Siento la dulce libertad de caer suavemente, de cerrar los ojos y dejarme arrastrar en paz hacia el abismo de lo incierto. PAU, BAKEA, QUIÉN HA SIDO? ... el repiqueteo de las cacerolas resuena en la noche en la que el pueblo se despereza de su letargo pequeñoburgués. Piel suave y besos de pajarillo asustado. Palabras como golondrinas que pasan volando y no se posan jamás. Palabras que ocultan lo que dicen las miradas furtivas. Otra plaza que cae rendida, y mis divisiones internas duermen y tiritan sueños de Jazz en la madrugada. Los cerebros crujen sin terminar de engranar, temiendo hallar lo que buscan. La ternura se impone de nuevo a los instintos de la animalidad humana. Humano, siempre demasiado humano. Palabras, risas, cocacola sin gas. Almas que se desvisten al ritmo de una suave melodía latina. Que bailan semidesnudas y temen mostrarse demasiado vulnerables. Que se acercan y se alejan con cadencia de mar. Quiero. No puedo. Pienso que quiero. Siento que no puedo. Siento que pienso lo que siento, más de lo que lo siento realmente. Soy un niño que juega a ser dragón-lagarto policromado. Desorden. El aire pegajoso ralentiza mi pensamiento. Me siento pesado, lento, sudado. Sin embargo quisiera detenerme en este instante para ver este tiempo coagulado, impenetrable. Un autobús afilado como una navaja vuelve a abrir la herida del tiempo y el tiempo me llena el alma de profundas cicatrices que nunca cierran del todo. Indecisión. Mi existencia comienza de nuevo a derramarse en imparables torrentes. Me desangro de días, horas, minutos, segundos; que me atraviesan el alma y me arrastran y me ahogan. Siento el placer anónimo y voyeur de la soledad, de la caída, mi mirada se llena del erotismo que guarda el vaivén de las gentes que avanzan y retroceden como olas de ciudad costera. Quisiera congelar tus uñas clavadas en mi espalda. No busco nada, y sin embargo, a veces encuentro. No me muevo, y sin embargo avanzo, retrocedo; salto. Siento que sigo cayendo, pero sueño que vuelo. Ciudad de mar, eres tú el lugar soñado? Tal vez no seas tú, pero esté en ti. Ilegal y antidemocrática libertad. Un oximoron como la vida misma. Absurdo. El absurdo manda. El absurdo nos ordena por fuera y desde dentro. Glóbulos absurdos ensucian mi mente. Y hacemos lo que debemos. Para odiarnos un poco más en nuevas noches de gastados días. Bagdad? Sí, es aquí, la siguiente a la derecha. En Atocha, en el Rabal. Sherezade y las mil y una noches por 25 Euros. 40 sin condón. Y el centro inamovible del universo; el lugar en el que se apoyan el tiempo y el espacio; la única referencia absoluta; tal vez no sea más que un ombligo maorí. Christos |
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